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domingo, 17 de octubre de 2010

Feria del libro de Frankfurt


Feria del Libro de Frankfurt: El incierto futuro del libro



 La Feria del Libro de Frankfurt es una de las más importantes del mundo, aunque hace algunos años esté superada por la de Chicago en cuanto a los guarismos.
Sin embargo, en la ciudad alemana se dan cita nada menos que 7.373 expositores de más de 100 países, 400 mil libros expuestos y cerca de un millar de autores, con unos 300.000 visitantes. La Asociación de Publicadores y Libreros de Alemania la organiza todos los años.
El tema de la Feria podría haber sido Latinoamérica. Por tercera vez en la historia, la invitación de honor recaía en un país del continente —Argentina, que mostró su literatura, a la vez que cine, tango y alfajores— y el Premio Nobel se lo llevaba contra los pronósticos un escritor de la región, Mario Vargas Llosa. Pero no. El tema no fue Argentina y poco se lo robó el escritor peruano. La discusión, acorde con los tiempos, fue sobre los libros que se leen en pantalla: la revolución del ebook
La apertura estuvo a cargo del Premio Nobel de Literatura 2006, el turco Orhan Pamuk, quien aprovechó la ocasión para reclamar por los libros y autores prohibidos, aún hoy, por el gobierno de su país..

Quizá haya que aclarar algo: la razón de la Feria del Libro de Frankfurt —la más importante en su género— no es la literatura, sino el libro o, más precisamente, el negocio editorial..
A las nueve de la mañana, un tropel de hombres forma una masa bastante uniforme que entra con prisa. Hombres (y, en menor medida, mujeres) que llevan maletines o maletas con rueditas y apuran un café en un vaso desechable. Hacia las seis de la tarde, cuando la Feria cierra sus puertas, son esos mismos hombres los que salen de allí un poco más cargados, un poco más despeinados. La Feria no abre al público —un público que de todas maneras no puede comprar allí adentro— más que un fin de semana. Frankfurt es un lugar para hacer negocios, y el problema ahora es que el negocio está en crisis.
El mayor temor para los que han estado en esta industria por años es que los libros digitales no dejarán tantos dividendos como los impresos. La respuesta —no siempre asumida— es tratar de demorar el cambio y, de ser imposible,  hacer que el futuro se parezca lo más posible al presente.

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