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jueves, 14 de octubre de 2010

Chile; La tregedia minera y la Literatura

Grande Chile al rescatar a los 33 mineros, y grande su literatura minera.
En Chile, se celebró el “Día del Minero”, una jornada oficial (La Ley N° 20.363, publicada en el Diario Oficial de 10 de agosto de 2009) en honor de quienes trabajan en un sector muy peligroso y difícil como es la mina.

No podemos dejar de recordar esta importante jornada sin asociarla a la maravillosa jornada de hoy (ayer), en que fueron rescatados los 33 mineros chilenos, en un día lleno de emociones, mezcladas la alegría, la angustia de la espera y ansiedad.  La literatura chilena está presente en grandes obras y en importantes escritores, veamos algunos extractos.



“Es estremecedor, se sufre, debajo de los 100 metros es muy vivir, pensar, si es que se puede pensar y aún vivir”, dice el poeta Gonzalo Rojas, que alfabetizó mineros en Atacama en 1942 - Foto: Mario Ruiz

Recordando a todas las personas que viven la actual tragedia, posteamos lo que escribe Javier Vergara con el título “La tragedia minera recordada por la literatura”:

“En una sala baja y estrecha, el capataz de turno sentado en su mesa de trabajo y teniendo delante de sí un gran registro abierto, vigilaba la bajada de los obreros en aquella fría mañana de invierno”. Así parte el famoso cuento de Baldomero Lillo, “El chiflón del diablo”. Un hecho, que lo más seguro se repita a diario en las minas de Chile, como habrá ocurrido también el pasado jueves en la mina San José, en Copiapó, cuando 33 trabajadores descendieron al yacimiento, cuyos nombres hoy son parte del registro de la prensa.

La vida minera como material para la literatura. Baldomero Lillo, quien trabajó en una pulpería, retrató el sufrimiento y los sinsabores del trabajo minero -la extracción del carbón en su caso-, a través de una serie de cuentos, que recopiló bajo el título “Subterra”.

Cuatro décadas después, a inicios de 1940 el poeta y Premio Cervantes, Gonzalo Rojas, hizo un trabajo de alfabetización con los mineros de Atacama. Tenía la tradición en la sangre, ya que su padre había sido minero del carbón. El autor de “La miseria del hombre”, dijo ayer a La Nación sobre la tragedia de los mineros que “algo entiendo del sacrificio humano enorme de esos predios de aspecto lozano, un sol cruel. Es estremecedor, se sufre, debajo de los 100 metros es muy duro respirar, vivir, pensar, si es que se puede pensar y aún vivir”.

Epopeya Salitrera

Uno de los autores nacionales que ha transformado el desierto en su principal alimento literario es Hernán Rivera Letelier. El escritor, quien trabajó en una empresa minera, rescata fragmentos de la historia y los vuelve ficción. Desde su primera y más celebrada novela, “La reina Isabel cantaba rancheras” hasta “El arte de la resurrección”, libro con el que obtuvo el Premio Alfaguara 2010.

Por otra parte, se pueden encontrar otras obras nacionales que abordan el tema, como “Haikú minero”, de Carlos Soto Román, quien desarrolla una crónica poética a partir del derrumbe de una mina en Andacollo en marzo de 1999, donde unos trabajadores quedaron atrapados. “Toda vida es una catástrofe/ Todo desastre es un encierro”, se lee en “Haikú minero”, publicado en 2008 por editorial La Calabaza del Diablo.

A su vez, Volodia Teitelboim también aporta con lo suyo en “Hijo del salitre”. La novela es una epopeya en torno a los trabajadores salitreros, sus reivindicaciones sociales debido a los abusos laborales en que se ven sometidos todos los días, de una vida que se puede terminar a kilómetros bajo tierra.

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